Licenciada por la Universidad Nacional Autónoma de México con estudios de Maestría en Derecho Constitucional-Administrativo, catedrática en la Facultad de Estudios Superiores Aragón con 15 años de trayectoria, especialista en Derecho Laboral, abogada postulante.

Muchos le atribuyen el “milagrito” a la multipremiada película de Cuarón, “Roma”, al menos, más que a la voluntad política de un Estado Mexicano que por muchos años hizo invisible al sector trabajador doméstico.

Después de muchos argumentos y tantas violaciones laborales, este sector comenzó a atraer miradas que lo colocaran dentro del marco de la ley -como si tuviera que haber razones para incorporarlo o muchas más para tenerlo al margen-, y no por ser menos importante, pues ¿cuántas personas conocemos que prestan sus servicios en el área doméstica? Es mas, apuesto que la mayoría no podría prescindir de ellas.

Con todo ello, primero las autoridades jurisdiccionales y posteriormente, los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación volvieron sus ojos a este grupo laboral, y en consecuencia, las autoridades administrativas que ni tardas ni perezosas, hicieron del final del cuento “Y vivieron felices para siempre…” El principio de una realidad con un llamado Programa Piloto de Incorporación a Personas Trabajadoras del Hogar con la buena intención de resolver el rezago y menosprecio en que se ha mantenido a las y los trabajadores domésticos de nuestro país.

Pero el grueso de estos trabajadores necesitan más que un buen final de cuento, más que simplemente buenas intenciones.

Las y los trabajadores domésticos han transitado en la clandestinidad, y lo digo porque aunque desde la Ley Federal del Trabajo de 1931 se incorporó y reguló como un trabajo especial, lo cierto es que cada uno de los derechos consagrados para este sector han sido letra muerta o no más que un cúmulo de promesas sin cumplir, esperanzas que se han quedado rezagadas, empolvadas, olvidadas, sustituidas por un “es lo que hay”.

Un presente sin garantías, que lo único que puede asegurar es el hoy, con argumentos que van desde mantener su fuente de ingresos, hasta satisfacer ciertas necesidades de las que no se tiene obligación -según los patrones- sino que lo hacen “por buena voluntad”, y amparándose en ello, omiten cumplir dolosamente obligaciones como Aguinaldos, Vacaciones PAGADAS, diversas Primas como la Vacacional o la de Antigüedad, hasta la correspondiente INDEMNIZACIÓN en casos de despidos injustificados, y entre estas, tenemos también las de Seguridad Social.

Cómo podemos ver, el Programa Piloto de incorporación al IMSS es un buen inicio, mas no es en esencia ni un 50% la solución que aqueja a este sector laboral, la problemática es de fondo y requiere una intervención quirúrgica de primer nivel por parte de todos los sectores públicos y privados.

La academia, la sociedad civil, los particulares y por su puesto, patrones y trabajadores que consigan dar una genuina estructura a este trabajo especial, garantizando el debido cumplimiento a la ley, que otorgue a sus actores derechos y obligaciones claros y específicos, viables en su cumplimiento y susceptibles de ser exigidos, pero no como un elefante blanco, sino como algo práctico, palpable, material… ¡Real!

De ello, aún nos encontramos muy lejos, pero a buen tiempo si capitalizamos la oportunidad que nos da una futura Reforma Laboral no parchada o hecha de retazos de las anteriores y de las opiniones que captan adeptos, sino una bien hecha, a conciencia, que cumpla con las expectativas de diversos sectores laborales, éste entre uno de los más importantes, por la vaguedad en el que lo hemos tenido sumido.

Por ahora, podemos mirar estas acciones como una buena intención que suma, mas no sana el problema de raíz; es buena pero no suficiente, cumple pero no sacia. No le quitamos mérito, simplemente somos realistas.

Nuestra mira debe estar puesta en modificaciones estructurales, en el debido funcionamiento de instituciones como la Inspección del Trabajo y en las facultades fiscalizadoras del propio IMSS que den mayor certeza a las y los trabajadores domésticos, sobre el cumplimiento de las obligaciones patronales principales, y una vez alcanzado este nivel, lo demás vendrá suave, ligero, sin presiones, por añadidura.