Por Gustavo Olvera

Activista por los Derechos de los Animales | Liberum | Santuario Libres al Fin

Casi a diario nos escriben a nuestra página en Facebook del Santuario de animales, para reportarnos el caso de algún animal que necesita un lugar seguro para vivir o para “donarnos” un cerdo que ya no pueden tener dentro de una casa, el cual compraron como “mascota” por tierno y adorable pero que se ha vuelto un verdadero problema para la familia, conteniendo las ganas de contestar “¿realmente esperabas poder tener un cerdo en tu casa? Eres muy inocente…” Contamos hasta diez, nos tranquilizamos y sólo decimos “no gracias no aceptamos donaciones de ese tipo”. Y continuamos la conversación aconsejando como poder convivir con un animal de estas características para que pueda tener un mejor futuro con esa familia.

Bueno, después de este desvío (desahogo) necesario para crear un contexto, ésta es la historia del rescate de Mono, el integrante más joven del Santuario. Como decía antes nos escriben mucho por animales en peligro, como sabemos que no es posible rescatar a todos los animales y llevarles al Santuario, tenemos algunas reglas que nos permiten seguir a flote, no saturarnos en lo económico y en el espacio limitado que tenemos. Queremos seguir dando siempre una buena vida a los que están.

Uno de esos mensajes que recibimos nos llamó mucho la atención, nos contaba una madre que a su familia le habían regalado un chivito bebé para que lo cuidaran y en unos meses estuviera listo para servir de cena para la familia, sin embargo, su hija menor, Alondra, se había enamorado de él y había jurado que no dejaría que le pasara nada, ella lo bautizó como Mono y dormía junto a él, le compartía su cama y su vida entera. Ella sabía que tenía que hacer algo más por él, ya que crecería y probablemente su destino de muerte lo alcanzaría y terminaría siendo el platillo principal en alguna reunión familiar.

Contestamos ese mensaje con algunos consejos para checar su salud y su alimentación pero nos sorprendió la respuesta de la mamá de Alondra: “¿Ustedes de qué están hablando?”, fue ahí cuando todos caímos en cuenta que la señora nunca nos había contactado, sino que la mismísima Alondra había tomado la cuenta de su madre para pedirnos que Mono fuera recibido en el Santuario. Hablamos con ella que entonces tenía 12 años y nos dijo: “Lo siento, pero creía que no le harían caso a una niña y por eso tomé la cuenta de mi mamá, pero por favor ayuden a Mono no quiero que muera”… ¡¿Cómo negarle un hermoso final a la lucha de una niña por el respeto hacia la vida?!.

Mono llegó a nosotros aproximadamente con un mes de nacido, a esa edad aún necesitan beber la leche de su madre, desafortunadamente esta es la edad en que son separados de ellas para convertirles en uno de los platillos típicos del norte, el famoso cabrito, pero siendo realistas, lo que ellos deberían estar haciendo es únicamente estar recibiendo el calor y cariño de sus madres, ningún bebé debería ser asesinado sólo para complacer un paladar.

Alondra y su familia al no tener una idea de la nutrición de este tipo de animales hicieron lo que cualquiera haría en su lugar, tratar de alimentarlo con leche de supermercado, esto no era lo mejor para Mono, aunque era obviamente con la mejor intención. Mono tenía un severo caso de desnutrición y ¿cómo no? si era un bebé alejado de su madre, recuperar su salud nos costó sudor y lágrimas los siguientes 3 meses, sin contar el dinero en tratamientos y consultas veterinarias, más de tres veces pensamos que iba a morir, afortunadamente es muy fuerte y siempre salió adelante.

Alondra hoy tiene 13 años y Mono más de un año, hace unas semanas ellos se volvieron a reunir, ella vino a visitarlo al Santuario, fue un momento de esos que quisiera recordar siempre. Después de Alondra, yo fui quien se encargó de criar a Mono, así que sobra decir que para mí es como un hijo con cuernos y verlo junto a la persona que salvó su vida es invaluable.

Con lágrimas en los ojos Alondra dijo una frase que llevaré siempre conmigo y que hace que valga tanto esfuerzo por sacarlo adelante “estoy tan feliz de verlo aquí contento… porque él cambió mi vida por completo…” dijo tratando de cubrirse el rostro con sus manos, mientras Mono trepaba sobre su espalda tratando de alcanzar las hojas de un árbol que seguramente sin su ayuda nunca hubiera podido probar, fue entonces que capturé con mi cámara uno de los momentos más icónicos de este encuentro, ahí estaba ella de nuevo para ayudarlo a alcanzar la vida.

Por cierto, Alondra desde el día que conoció a Mono no ha vuelto a comer animales y ha jurado protegerlos y respetarlos, salvar una sola vida puede cambiar el mundo sin duda alguna.

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