Por Lizbeth Quezada

Mujer feminista y activista en una Asociación Civil

Lo acontecido recientemente pone en evidencia el poder que tiene un hombre en esta sociedad. Porque aún después de haber sido nombrado, denunciado, es primordial que salga bien salvado su nombre, posición y que continúe con su vida de la mejor manera.

El #Meetoo es un levantamiento público de la voz y letra de mujeres que hemos sido agredidas sexualmente o violentadas en los diversos ámbitos en los que vivimos y nos desarrollamos. Hoy y siempre se ha cuestionado el anonimato de las mujeres en las denuncias y publicaciones; sin embargo, el anonimato es una herramienta válida; pues en este sistema y estructura quienes tienen poder, protección, justificación y defensa, son los hombres.

Lo acontecido recientemente pone en evidencia el poder que tiene un hombre en esta sociedad. Porque aún después de haber sido nombrado, denunciado, es primordial que salga bien salvado su nombre, posición y que continúe con su vida de la mejor manera.

Entonces, ¿qué hacer con los nombres que salgan y lo que decidan hacer después, los hombres? Nada, si así se desea. No es nuestra obligación ni nos toca apoyar, cuidar o enseñarles a no ser violentos. No nos toca llevarles a terapia, no nos toca cargar con sus acciones ni su salud metal ni física.

Lo que se hace es exponer a quienes nos han violentado; así las demás mujeres podemos reconocer quiénes son, si son amigxs, vecinxs, familiares, parejas, etcétera, y visibiliza que el machismo está en todos lados. No se salva ni el activismo ni el periodismo.