La economía creció, se equivocaron los especialistas. No importa los otros signos que muestran el estancamiento. En la reciente escaramuza presidencial, López se hizo del discurso para hablar de la bondad de un crecimiento mediocre. Sí, fue de 0.1% pero le ganamos a los agoreros. Aquellos que se oponen al cambio, a los que ven un Apocalipsis y no la inminente llegada de la renovación de la vida nacional en manos de la 4T.

Es posible decir que la política económica que se hace desde la oficina presidencial es errónea, desde que López definió la ruta hubo voces que advertían de las contingencias para la adopción de la medida. El costo económico se resiente en la confianza del consumidor, la capacidad adquisitiva disminuye a pesar de que haya un control sobre la inflación.

El presidente acentúa su estilo personal de gobernar: el austericidio que se profundizará en las secretarías a partir del presente mes, ofrecerá un escenario que seguirá perpetuando lo que a lo largo de ocho meses de gobierno ha zarandeado la economía, pues el único objetivo es apuntalar el cambio. Apuesta por una serie de proyectos que, en aras de garantizar su viabilidad, no sólo económica, busca evitar que haya acciones políticas en contra. A quien se opone los coloca dentro del círculo rojo, son los conservadores, el cartel de los ampareros. En suma, alimenta su discurso polarizante con base a la intolerancia, a su rechazo a no estar de acuerdo con aquellos que no comparten su visión o proyecto.

El presidente no sólo tiene otros datos, defenestra y ahorca a las agencias que le restan credibilidad. No es sólo su oposición y fobia hacia los técnicos, sean neoliberales o no, rechaza a quienes le restan legitimidad a sus declaraciones. No se opone a los organismos autónomos porque representan un contrapeso, para él no es un problema, los coloniza con militantes. Subordinadas esas agencias del estado, el poder Ejecutivo federal cuenta con una estructura domesticada, a modo para que resurja el poder omnímodo. No le preocupa que, el halago en voz propia sea vituperio, junto con sus otros datos y sus decisiones, dice que vamos bien, e incluso, que hay buena relación con los empresarios.

¿Es suficiente? No es suficiente, el subejercicio en agencias gubernamentales, así como, la cancelación de programas que apoyaban en el desarrollo de familias en desigualdad, arroja un resultado negativo que se verá a mediano y largo plazo, profundizará la desigualdad y la falta de oportunidades. Por eso, no es suficiente decir que se conoce México porque se ha “rodado” por sus pueblos y ciudades, adentrarse en el rostro de la pobreza y la marginación, demanda un método de análisis, el mismo que proveía CONEVAL.

El presidente nos expone a una condición de difícil retorno, la desinstitucionalización provocada no sólo nos pone ante la expectativa de lo nuevo, nos ocupa porque nos deja, a nivel individual, en la incertidumbre, carentes de la protección de aquellas agencias que proveían un principio de seguridad subjetivo, que permitía superar el temor a lo desconocido de un mundo global del que México no es ajeno.

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