Durante la campaña presidencial, el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador, comenzó a utilizar el término de la “cuarta transformación” como una manera de señalar que su presidencia sería no solamente un sexenio más, sino un cambio enorme dentro de la dinámica de la vida pública del país, del tamaño de la independencia y la revolución.

El llamar al nuevo gobierno la “cuarta transformación” implica olvidar uno de los procesos políticos más importantes de éste país y sin el que, por cierto, no hubiera sido posible la existencia del actual gobierno federal.

La cuarta transformación de la vida pública de México se dio de 1977 a 1997 con la transición hacia la democracia. Como lo ha señalado el doctor Woldenberg, durante 30 años México vivió un cambio paulatino, que dio como resultado que nuestro país pudiera pasar de un régimen autoritario a una germinal democracia.

Gracias a las luchas de estos años, hoy contamos con un sistema de representación mixto, gobiernos de oposición democráticamente electos, candidatos que compiten en equidad, órganos autónomos que organizan las elecciones y garantizan el ejercicio de derechos fundamentales. Sin ella, el hoy presidente López Obrador no hubiera podido fundar su propio partido, recibido financiamiento público para competir, no hubiera recibido su constancia de mayoría de manos del Tribunal Electoral, vaya, sin ella ni siquiera hubiera podido comenzar su carrera política como Jefe de Gobierno.

¿Entonces por qué el actual gobierno desprecia a la transición democrática como una de las grandes transformaciones? Por qué ésta brindó una idea que no es compatible con su visión del poder y el espacio público. La visión sobre el Estado mexicano de AMLO siempre ha sido muy clara, “el sistema está bien, lo que está mal son quienes están en él”.

En cambio, todos los cambios impulsados durante este periodo, iban en el sentido contrario, era necesario cambiar al sistema y sus instituciones para poder garantizar la construcción de un México diferente. Por eso no extraña que sus principales ataques sean contra las instituciones que nacieron en ese periodo y que se trate de regresar al poder presidencial vertical, al que algunos ven con tanta nostalgia.

La historia es lo que le da sentido al presente, no permitamos que sea una sola persona la que nos diga qué forma parte de ella y qué no. La verdadera cuarta transformación fue la democracia, no permitamos que nos la quiten.