Como millones de personas en el mundo, desde hace meses estoy en el conteo regresivo para las 20:00 horas del próximo 14 de abril, cuando se estrenará la octava y última temporada de Game Of Thrones (GOT), probablemente la serie televisiva más importante y exitosa de la última década.

Ante ese escenario, permítaseme la libertad de utilizarlo como analogía para entender el problema que presenta la oposición política en México ante el gobierno de la auto proclamada Cuarta Transformación (4T).

Al igual que GOT, la 4T cuenta con unos niveles de popularidad muy elevados, una base de simpatizantes muy diversa y apasionada, y un gran reconocimiento, fruto de años de trabajo. Tan es así que al día de hoy, difícilmente hay quien se le pueda considerar su igual.

Sin embargo, para todas y todos quienes no comparten esa pasión, las siguientes seis semanas serán particularmente molestas, pues la mayor parte de las discusiones, memes y vídeos girarán en torno a eso.

Con la excepción de Avengers Endgame, no se avizora algo que le pueda plantar cara. El problema estriba en que, si las y los detractores quieren promover su punto de vista, no pueden hacerlo descalificando todas las acciones, reacciones y emociones que suscite GOT, muchos menos la serie en sí, sino hablando y promoviendo sus propios intereses; por ejemplo, me encantaría leer más reacciones sobre la segunda temporada de Cobra Kai.

El mismo problema tenemos con el gobierno de la 4T. Quienes no simpatizamos con éste no podemos dedicarnos exclusivamente a criticar todo lo que hace y deja de hacer, pues aunque sean temas de coyuntura e interés público, señalar los errores no es suficiente: se tiene que construir una narrativa propia, con ideas y proyectos que no estén en la agenda, para tratar de impulsarlos poco a poco.

Esto no sólo debido a la necesidad de ampliar los horizontes de la discusión en el día a día, sino pensando de cara al futuro, pues siempre habrá temas nuevos por discutir. Hablar sólo de un tema o desde una perspectiva, merma la riqueza del debate público, y peor aún, difumina a quienes no comparten esos intereses. Las y los fans de otras producciones pueden criticar con orgullo lo mainstream, y es muy válido, pero la oposición política no puede limitarse a criticar, dejando de presentar ideas propias y proyectos nuevos.

Y es que, lamentablemente todo inicio tiene un final, y ahora que el Invierno finalmente ha llegado, los seguidores de la serie inspirada en las novelas de George R.R. Martin nos preguntamos, ¿y después qué? La respuesta es sencilla: cada quien buscará otras opciones, y la vida seguirá.

El problema es que en la vida política, si una opción fracasa y no hay otras alternativas viables o atractivas, no podemos simplemente cancelar HBO GO para buscar algo en Netflix o Amazon Prime.

No creo que nadie sea tan miserable para desear que le vaya mal al gobierno sólo para poder descalificarlo, pero si las cosas no salen como se esperaba, ¿qué otra opción quedaría? Ahora como nunca, debemos ser disruptivas y disruptivos, impulsando otra forma de hacer política.