Por Ricardo Tapia Basurto

Hoy día, el gobierno marca tendencia a partir de lo que dice el Presidente, principal vocero de esta ‘Cuarta Transformación’. Aunque la enconada crítica insiste en calificar de desvaríos sus declaraciones y acciones, éstos tienen un objetivo claro: conservar y aumentar su poder.

La disculpa por atrocidades pasadas es necesaria para sanar heridas: el Acuerdo de Reparaciones entre Alemania e Israel; la disculpa de Japón a Corea por sus campos durante la Segunda Guerra Mundial; la del Reino Unido a 12 naciones caribeñas por el mismo contexto… Tan es así que en 1836, España y México firmaron el Tratado Definitivo de Paz y Amistad, donde se reconocieron como pueblos hermanos y se perdonaron por todos los agravios previos.*

Presentar el tema sirve para repensar la naturaleza imperialista de varias naciones a lo largo de su historia y poner en evidencia la marginación y el abandono de ciertos grupos étnicos. En ese sentido, el gobierno federal se presenta como un defensor de los oprimidos que lucha por la justicia, como viene diciendo hacer desde hace años el titular del Ejecutivo.

Sin embargo, en este caso particular, se trata de una distracción que sirve de campaña. Para empezar, tal y como recién declaró María de Jesús Patricio Martínez, ‘Marichuy’, vocera del Consejo Nacional Indígena, “lo que tienen que hacer es dejar de despojar de la tierra a las comunidades”. Proyectos como el Tren Maya o la Termoeléctrica, aprobados sin consultar a las comunidades, pero con la parafernalia de pedir permiso a la Madre Tierra, muestra que no hay una voluntad de escucharles, sino de utilizarles como utilería para legitimarse.

Es un cálculo brillante que no sólo sirve para dar la nota a nivel internacional, y para distraer la atención de otros temas más relevantes (legalizar arrestos ciudadanos; establecer cuotas para los no derechohabientes; anticipar nuevos recortes; disimular la reunión con Jared Kushner en casa de Bernardo Gómez; etcétera), sino que ante el desgaste por falta de novedad de señalar a la “clase fifí”, sirve para construir una nueva narrativa: quienes defienden la Colonia, y quienes son parte del pueblo bueno conquistado.

Al construir una narrativa de Cuarta Transformación como un proceso de refundación, el Presidente se presenta a sí mismo como el heredero de las causas justas y las luchas históricas, como por ejemplo, los 500 años de la Conquista y los 200 años de la consumación de la Independencia, ambos en 2021, año de elecciones intermedias y de “revocación de mandato”. A menos que este discurso se respalde con acciones de verdadero empoderamiento y dignificación para los pueblos originarios, se les seguirá utilizando.

* Y para contextualizar, las disculpas han sido ofrecidas por Estados Nación modernos que cometieron dichas acciones (Alemania, Canadá, Reino Unido, Francia, etcétera), no por sus predecesores históricos; la disculpa a los mayas, los yaquis y los chinos tiene sentido, y debería acompañarse de acciones.