Las terapias de reorientación sexual -también conocidas como terapias de conversión sexual, reparativa o de deshomosexualización- consisten en métodos que no son aceptados por las ciencias de la salud mental, donde se intenta cambiar cualquier orientación sexual distinta a la heterosexualidad enfocándose especialmente en la homosexualidad y la transexualidad, con el fin de modificar los comportamientos a través de aversión, psicoanálisis, oración y adoctrinamiento religioso. 

En México la terapia de conversión ha crecido de manera exponencial en los últimos años, gracias a personajes de la vida pública de nuestro país y “ profesionales” de la psicología que las promueven y las ofrecen como solución a lo que ellos llaman “ un problema de identidad” el cual tiene cura. 

Aun cuando no existe ninguna prueba científica que sugiera que la orientación sexual o la identidad de género se pueden cambiar, quienes promocionan estas malas prácticas afirman que tanto la homosexualidad como la transexualidad son trastornos que pueden ser modificados a través de distintos tratamientos. 

Dichos tratamientos pasan de mecanismos como la hipnosis,  clínicas de readaptación, inyecciones de adrenalina mientras le muestran a las víctimas imágenes de sexo homosexual, hasta los electro shocks. De hecho, todo esto ha sido clasificado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como tortura.

Sin embargo, en México no existe una legislación que las prohíba. Detrás de las terapias de conversión que busca aprovecharse del estigma que existe en la sociedad mexicana referente a la homosexualidad y a la transexualidad, se ve dañada la integridad de las personas víctimas de estas clínicas y prácticas, que en su mayoría son adolescentes.

Esto pasa a convertirse en una tortura que además de inhumana les es redituable económicamente para quienes las ejercen y promueven, donde se aprovechan de la ignorancia de las familias que acceden a llevar a sus hijos a estos sitios donde son tratados por personas ultraconservadoras, en su mayoría agrupaciones conformadas por personas cristianas y que legalmente aprovechan estos vacíos existentes en la materia que existen hoy en día en México. 

Desde el ámbito legal el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) ha señalado que no hay registros de estos lugares, de las personas afectadas y tampoco se cuentan con expedientes donde se establezcan quejas formales sobre el tema. 

En muy pocos países se encuentran prohibidas este tipo de prácticas y México no es la excepción, a pesar de que se ha comenzado la discusión en el Congreso de la Unión para prohibir y sancionar a quienes promuevan este tipo de torturas y difundan estos mensajes de odio. 

Recordemos que existen aún 72 países donde la homosexualidad se considera aún un delito y en 19 de estos países existen leyes de orden moral contra los homosexuales. Esto nos muestra el nivel de estigmatización referente a este tema y por que la urgencia de crear las leyes en México para que las terapias de conversión queden prohibidas.

Algunos testimonios afirman que la recuperación de dichas terapias es difícil. Sin embargo, la mayoría permanecen marcada para siempre. 

Sin dejar atrás que esto fortalece la homofobia y la discriminación  que se está generando a través de estos gruposultraconservadores. 

El estado mexicano está obligado a pararlos, ya que puede terminar con la vida de aquellos que son sometidos a estas prácticas que conducen a la depresión, la ansiedad y la ideación suicida.

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