Ante el declive de la popularidad del presidente López Obrador, muy ostensible en las redes sociales y con efectos menos perceptibles en las encuestas de opinión, los estrategas del gobierno morenista han lanzado como reacción la denuncia de que está en marcha un supuesto golpe de Estado, al que llaman “golpe blando”.

Aunque los intelectuales orgánicos del gobierno federal visten con arrestos teóricos tal invento, la historia política de nuestro país lo relaciona directamente con aquella estratagema que puso en marcha el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez (LEA) hace 49 años, para justificar la represión gubernamental. Envuelta en demagogia populista y en un discurso tercermundista, la divisa de su política era “Yo o el fascismo”, aplicando mano dura a los movimientos sociales, a la juventud de izquierda y a la oposición de cualquier signo. Desde los tiempos en que era el Secretario de Gobernación del sátrapa Gustavo Díaz Ordaz, LEA inventó a un amenazante enemigo con el objeto de justificar crímenes de lesa humanidad que cometió: la “conjura comunista internacional”.  Por cierto, uno de sus oradores oficiales de aquellos tiempos era el entonces joven político Porfirio Muñoz Ledo.

Así, sucedieron el halconazo del 10 de junio de 1971; la actuación de la criminal Brigada Blanca, que tenía patente de corso para acabar con las guerrillas de izquierda y que fue el semillero de los jefes de los cárteles del crimen organizado que hoy padecemos; el golpe contra el Excélsior de Julio Scherer; el encarcelamiento, los despidos y desapariciones contra sindicalistas independientes, comunistas, estudiantes, profesores y campesinos, entre las muchas violaciones a los derechos humanos y a las libertades democráticas acaecidas durante la década de los 70 del siglo pasado.

A despecho de lo que ocurre hoy en el mundo, y debido a que el lopezobradorismo pactó una alianza con las fuerzas armadas, John Ackerman y Carlos Mendoza dicen que los golpes militares ya son obsoletos. Tanto el doctor en Derecho como el director del célebre Canal 6 de Julio, convertidos en publicistasdel gobierno, intentan vanamente dar soporte teórico a la especulación que comparten y, para ello, recurren al politólogo estadounidense Gene Sharp, a quien atribuyen los cinco pasos del “golpe blando”: 1) Fase de ablandamiento: donde algunos medios intentan crear malestar y desesperanza social; 2) Deslegitimación: hecha mediante la difusión de comentarios contra el gobierno, mofas y noticias falsas; 3) Calentamiento en calles: donde se promocionan constantemente las manifestaciones de protesta; 4) Combinación de todas las formas de lucha: se crean rumores, se crea una falsa carestía, se acusa al gobierno de incompetente y se inician causas judiciales contra gobernantes; y 5) Fractura institucional: las causas judiciales prosperan, los medios apoyan y los gobiernos caen. 

En realidad, esta teoría descalifica a las libertades democráticas, pues a despecho de la misma, no son golpistas ni los comentarios críticos, las burlas algobierno, ni las manifestaciones de protesta, como tampoco lo son el acusar a los gobernantes por su incompetencia o el interponer demandas judiciales contra las determinaciones de la autoridad. Es más, ellistado atribuido al autor de “De la dictadura a la democracia” se puede identificar en gran medida con la resistencia pasiva practicada tanto por Gandhi para lograr la independencia de la India, como por Martin Luther King en la lucha por los derechos civiles de la población negra de los Estados Unidos.

Al igual que Echeverría, el gobierno actual ha inventado a sus enemigos amenazantes. El propio presidente identificó a sus adversarios como conservadores, además de que los tachó de fifís, neoporfiristas, neoliberales, reaccionarios, hipócritas, etc. Un gran abanico de fuerzas disímiles entran en esta ocurrente clasificación: científicos y técnicos, ambientalistas, gente de la cultura, madres afectadas por el recorte a las estancias infantiles, médicos residentes, economistas, pacientes desatendidos en las clínicas y hospitales, multitud de despedidos del gobierno federal; medios de comunicación, periodistas y articulistas críticos, además de aquellos que militan en la oposición de izquierda, centro o en la derecha. Para el presidente todos son conservadores y, para los intelectuales orgánicos de su gobierno, todos los disidentes son los actores del “golpe blando”. 

Preocupa la posible deriva de esta teoría porque, ¿qué se hace con los golpistas? Durante el mandato echeverrista a los sospechosos se les acusó del delito de disolución social, se les persiguió, encarceló y desapareció. Hemos de decir que, hasta el momento, la del “golpe blando” es una vil estratagema publicitaria que busca intimidar a la crítica y a la oposición, pero es un deber el informar a sus promotores que no lograrán tal intimidación.

CinceladaDespilfarro es la nómina de 3,240 millones de pesos anuales que se gasta el gobierno en la campaña inconstitucional de los Servidores de la Nación.

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