México se encuentra a la deriva. El presidente, quien debiera tener asido el timón para darle rumbo al país, se encuentra extraviado. Comete graves errores políticos, y pareciera que no es consciente de las enormes responsabilidades que carga como Presidente de la República.  En lugar de gobernar haciendo uso de las facultades que le da la Constitución, se encuentra, frenético, en una permanente actitud de buscapleitos. 

No hay día en donde no lance ataques en contra de algún crítico que haya manifestado su desacuerdo ante cualquier tema, así sean los más importantes, así sean los más nimios. Por ejemplo: el periodista Jorge Ramos le ha hecho, en días pasados, una simple pregunta sobre el aumento de la inseguridaden el país, y la reacción del presidente fue colérica, al grado no solo de lanzar improperios al propio Ramos, sino más grave aún, aprovechar este hecho, para amenazar, literalmente, a todos los reporteros de la fuente presidencial: “no se pasen, porque ya saben lo que les pasa”, les dijo. 

Apenas pasaron dos días, y de nueva cuenta se encendió la ira presidencial, pues bastó que algunos columnistas y otros usuarios de las redes sociales mencionaran que el gobierno violentaba el Estado de Derecho, para que López Obrador, literalmente, les condenara llamándolos “momias, hipócritas, sepulcros blanqueados”. 

Desde luego es evidente la desmesura presidencial, pero se torna preocupante que su lenguaje siempre se apoye en citas bíblicas, porque con ello agrede no solo la condición laica del estado mexicano, sino que da cuenta de un comportamiento que debe preocupar, el de la recurrencia al lenguaje religioso que se relaciona con sentimientos de supremacía integrista y de purismo moral que frecuentemente caen en el terreno de las patologías clínicas. 

Pero al margen de esto, el hecho es que López Obrador no está tomando decisiones para gobernar, pues en sentido contrario, actúa solo para agredir. En palabras llanas el presidente siempre anda “buscando pleito” y lo seguro es que no faltará alguien que le haga caso. 

Así, el país es un gran cuadrilátero del cual todos somos espectadores y en donde siempre veremos, en una de las esquinas, al presidente. Ahora pelea con la oposición de la derecha, de la izquierda, y del centro; unas horas más tarde contra la sociedad civil, las universidades privadas y públicas; también contra la SCJN; además fustiga al gobierno español; arremete posteriormente contra los gobernadores; no se olvida de golpear a las trabajadoras de las guarderías; reprocha a los zapatistas, hostiga a la CNDH, insulta a periodistas, a los medios de comunicación, etcétera. 

Quienes guardan esperanzas de que esto cambiará conforme pasen los meses, en realidad no conocen de la personalidad y de la actitud autoritaria del nuevo presidente. Para que cese su actitud de confrontación tendríamos que ser todas, todos los mexicanos, “moradores de blancos sepulcros” para no pensar, no ver, no escuchar, no hablar, no escribir, no objetar, no criticar.