Mientras el mundo avanza a las energías limpias y renovables, desde su campaña, la estrategia de Andrés Manuel López Obrador parece una obsesión con el petróleo que se enfoca en incrementar la producción de energéticos como las gasolinas lo que, inevitablemente, aumentará la contaminación.

En medio de una severa crisis ambiental global, el presidente se ha distinguido por apostar y ahora revivir energías altamente contaminantes como el diésel y el carbón, invertir en la apertura de más refinerías y mega proyectos como el Tren Maya y la Hidroeléctrica de Huexca sumado al freno que ha puesto a las licitaciones de energías “verdes”.

En tanto, se repartirán 15,361.4 mdp para las termoeléctricas de ciclo combinado, 10,416.7 mdp para plantas de carbón, 7,040.0 mdp a centrales de vapor convencional, 171.1 mdp en centrales a diésel, 980.5 mdp a plantas geotermoeléctricas y 340.6 mdp a la rehabilitación de centrales hidroeléctricas, lo que significa la resurrección de fuentes contaminantes y pese a que el anterior gobierno había planteado retirar de la circulación algunas de esas plantas.

Así lo ha evidenciado también la organización internacional Greenpeace que, durante el informe de los primeros 100 días de gobierno, expusieron cómo, aun frente al compromiso de México de reducir en un 40% las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2030, las acciones establecidas por el gobierno anterior están siendo borradas cuando de por sí estas ya eran insuficientes.

Recordemos que, actualmente, la contaminación atmosférica en el país provoca la muerte prematura de hasta 17 mil personas al año… resta esperar lo que nos depara con estas nuevas políticas.