Finalmente se estrenó la octava temporada de Game of Thrones y la primer entrega cumplió con las expectativas, pues sin mucha acción, planteó las bases de los subsecuentes cinco episodios. Es igual con el gobierno en turno, seguimos en los meses iniciales, en los cuales se están sentado las bases de lo que serán los siguientes casi seis años, por lo cual es importante reflexionar sobre lo que estos últimos días nos permiten apreciar sobre el manejo de la información. 

Vale aclarar que, aunque quienes siguen la serie seguro ya saben qué pasó, si no es el caso, se avisa que a continuación se incluyen dos moderados spoilers. En primer lugar, en la reunión entre Sansa y Tyrion, ésta le reclama a su ex esposo su ingenuidad al creer que Cercei mandaría a sus ejércitos. Y segundo, Sam le informa a Jon que es el hijo legítimo de Lyanna y Rhaegar, por lo cual su nombre verdadero es Aegon Targeryan, VI de su nombre, y heredero al Trono de Hierro. En ambos casos el tema es el mismo, ¿cómo lidiar con la información disponible? ¿Se acepta, se rechaza o se restringe? ¿Una declaración cuenta como un hecho? 

En los últimos días ocurrieron tres hechos que muestran la tendencia gubernamental sobre el manejo de información, y apuntan a qué se puede y debería hacer como sociedad. 1) Cuando Jorge Ramos cuestionó al Presidente López Obrador respecto a su declaración de que el número de homicidios ha disminuido, el debate posterior no fue tanto sobre si en realidad éstos habían disminuido o no, sino de la credibilidad e intereses del periodista. 

2) Luego de anunciarse con bombo y platillo por días, la Secretaria de Energía presentó un informe con las gasolineras que venden con sobre precio y las que no, pero resultó que muchas de éstas estaban cerradas desde hacía meses. 

3) El Presidente afirmó que se han tenido los mejores tres meses en generación de empleos, cuando las estadísticas indican que ha sido el peor trimestre en años.

En esencia, la dinámica es la siguiente: se declara algo que suena muy bien (“hay menos homicidios”; “hay más empleos”), pero que al contrastarlo con la información oficial disponible, se demuestra su falsedad. Esta información es responsabilidad de otra instancia pública, encargada de compilarla y difundirla, y está a disposición del Presidente lo mismo que para el público en general.

Jon le dice a Sam que “es traición” decir que él es el legítimo Rey, pero Sam revira diciendo que “es la verdad.” Tyrion quiso creer en la palabra de Cercei, pero Sansa le acusa de ingenuo por creer en alguien que mintió viendo por su propio interés. Nos encontramos en la misma situación, pues parece que así como hay quienes quieren creer en las declaraciones del Presidente –y lo harán aunque se pruebe lo contrario-, parece que también hay quienes, aun sabiendo que miente, no se atreven a cuestionar su palabra.

El problema no es sólo que el Presidente mienta para mantener sus niveles de popularidad, ya sea por ignorancia o por un cálculo racional de administrar la información, sino que se tomen sus declaraciones como guía para la toma de decisiones, como ya pasó con la cancelación del Aeropuerto, por mencionar sólo un ejemplo. ¿Qué se puede hacer al respecto? Centrar la discusión en el tema principal, sin dejar que se desvíe el debate a otros temas adyacentes.

Si Jon cuestiona a Sam por estar contra Daenerys ya que asesinó a sus familiares, o Tyrion cuestiona a Sansa porque está resentida de que Jon ya no es Rey en el Norte, aunque ambos puntos son ciertos y seguro causarán conflicto en los siguientes episodios, en ambos casos no se anula lo que estaban declarando. 

Quienes defienden a ultranza al gobierno de López Obrador suelen intentar desviar el tema del debate a la credibilidad de la fuente, la naturaleza anti-democrática de la oposición o el mal uso de la información. Si algo demuestran los tres casos mencionados, es que cuestionar al gobierno con información verídica para evidenciar sus errores o mentiras, es más necesario que nunca, pues un gobierno que busca gobernar a base de declaraciones será más proclive a ofrecer excusas y culpables que resultados.