Durante años, la Ciudad de México se ha distinguido por ser un mar de tráfico vehicular y transporte público ineficaz lo que, actualmente, no ha cambiado pues el sistema de movilidad es, más que nunca, “fifí”: fragmentado, ineficiente, frágil e inequitativo.

En 2017, la CDMX se ganó el título de la urbe con peor tráfico del mundo de acuerdo al Índice Tom Tom Traffic 2017 y en 2018 lo mismo, por lo que la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum decidió invertir 10 mil 200 millones de pesos en 2019 para, según ella, reducir los tiempos de traslado pero sobre todo para “erradicar la corrupción” que es lo que más afecta.

Sin embargo, hace poco, la Coalición Cero Emisiones -integrada por Greenpeace, El Poder del Consumidor, Bicitekas, entre otros- exigió a Sheinbaum no dejar de lado la democratización del espacio público con calles completas en avenidas principales y dejar de ignorar e implementar el proyecto Trolebici en Eje Central como la columna vertebral de la bicicleta a ser la infraestructura para ciclistas más larga de la ciudad con 36 kilómetros.

Aunque reconocieron que existen aciertos en su plan de movilidad, aún falta un sistema que atienda realmente las necesidades de la población, tal como también lo reconoció incluso el subsecretario de Planeación, Políticas y Regulación de la SEMOVI, Rodrigo Díaz González quien, durante una conferencia en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, llamó “fifí” a los actuales sistemas de movilidad que no dialogan entre ellos, ofrecen una mala calidad de servicio e incentivan a usar modos de transporte privados motorizados.

Por ello, todos coinciden en que es imperativo promover modelos de transporte masivos sustentables, fortalecerlo, mejorar las condiciones y hacer más atractiva la caminata, la bicicleta y racionalizar el uso del automóvil, sobre todo, en una ciudad donde, en promedio, las automovilistas pasan hasta 227 horas al año atorados en el tráfico.