La discusión sobre el impuesto a la tenencia y uso de vehículos se ha afianzado, puesto que el subsecretario de la SHCP, Arturo Herrera, durante su participación en el segundo foro entre legisladores en materia hacendaria, dio a conocer que si la tenencia y el predial volvieron a cobrarse en todo el país, se lograría una recaudación de entre 120 mil y 250 mil millones de pesos.

Claro, es una cifra nada despreciable, después de las diversas decisiones financieras no tan favorables que como país, hemos realizado: como la cancelación de un aeropuerto que nos costará más de 100 mdp o los múltiples programas sociales que el gobierno federal ha decidido implementar. Por lo anterior, estados y municipios se han visto afectados en las participaciones federales por la baja recaudación del gobierno, del 13% del PIB.

La discusión es clara, el impuesto a la tenencia afecta de manera directa a las personas que tienen mayor ingreso, o al menos, ese sería el escenario ideal. En el caso de la tenencia, el impuesto a la posesión de activos, garantiza en sí mismo un carácter progresivo. En la CDMX para ser acreedor del subsidio uno de los principales requisitos es que el valor factura no debe exceder los 250 mil pesos, pero si tu vehículo es de mayor valor, el pago por la tenencia es el proporcional al valor del vehículo.

Discutamos, ahora, el hecho de que sólo las personas o familias a partir de un cierto nivel socioeconómico suelen tener automóviles. Pero claro, no será el mismo vehículo que tiene la señora Andrea, que se gana $5,000 mensuales a la señora Berenice, que gana $80,000.

¿Para que utilizan los impuestos recaudados? Para los mismos usuarios que utilizan los vehículos, es decir, como propietario de un automóvil, la tenencia sirve para darle mantenimiento a la infraestructura vial y de transporte. Pero no todos los que circulan por esa infraestructura fueron contribuyentes.

En realidad, la existencia de una política que diferencia en el cobro de la tenencia entre las distintas entidades federativas, incentiva a que quienes viven en la CDMX registren su automóvil en otras entidades, en las cuales dicho impuesto se encuentra derogado, o el monto del subsidio es mayor al otorgado en la capital del país.

Por ser un impuesto recurrente, la tenencia, puede aplicarse la mayor parte de la vida útil de los automóviles durante la cual, con la depresión de los mismos, va disminuyendo el impuesto a pagar. El poder visualizar la cantidad de dinero invertido en tenencia, puede ser un gran incentivo para evitar la compra de un vehículo.

Como lo vimos en la anterior administración, el exjefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, implementó diversas acciones en materia de sustentabilidad, como el metrobús de Reforma, el aumento de vagones en el metro de la CDMX, las foto multas y los parquímetros; cuya finalidad era disminuir el uso del automóvil, al menos dentro de la capital, donde existen diversos mecanismos para trasladarse en transporte público, buscando una mejora en el ambiente, al igual que en la calidad de vida de los capitalinos.

Aunque hay buenos argumentos del por qué la tenencia es un buen mecanismo de recaudación que no afecta a las personas de escasos recursos; esto no es suficiente para que tenga un impacto positivo en nuestro entorno. La tenencia debe ser acompañada de un enfoque de movilidad sustentable, de no ser así, no existirá impuesto que pueda cubrir las ineficiencias del gobierno federal.