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Preámbulo de una visión antropológica sobre el feminismo.

A propósito de nuestra libertad cotidiana, de poder ejercer libremente nuestros derechos y sentirnos seguras en nuestro andar cotidiano. A propósito de tener la certeza que decir NO es respetado.

A propósito de ser una sociedad segura, con mujeres y hombres responsables de nuestros actos, con mujeres y hombres respetuosos de la otredad.

A propósito del movimiento MeTooMX que se ha convertido en una herramienta efectiva de denuncia para desenmascarar la cara más terriblemente normalizada del machismo. Pero que al mismo tiempo debe de ser usada con mucha responsabilidad para no desvirtuar el movimiento feminista y dar elementos a las mentes estrechas, de atacar una corriente de pensamiento genuino, responsabilizándolo de hechos que sólo les corresponden a sus autores intelectuales y de hecho.

La realidad en nuestro país no miente, las cifras tampoco, somos una sociedad cansada de tolerar la violencia contra las mujeres.

Hay que entender que el feminismo es una lucha a favor del respeto y ejercicio pleno de los derechos de las mujeres, jamás una lucha en contra de los hombres. Es una lucha en contra de la violencia, culturalmente instaurada hacia el género femenino, que ha sido ejercida y tolerada históricamente de manera consensuada por hombres y mujeres.

Es una lucha de mujeres y hombres de avanzada, por acabar con un esquema patriarcal y un pensamiento machista retrogrado, que perjudica a ambos géneros al exigirles roles y patrones que muchas veces tienen que ver poco o nada con sus intereses y metas como individuos. Que polariza a los géneros y a las parejas, y que lleva a rupturas sociales, atentando con la estructura básica de la familia.  

A propósito de ser feminista o no, de estar a favor de la libertad y la igualdad plena o no, de estar a favor del aborto o no. A propósito de respetarnos y defender nuestras ideas en el marco de la legalidad y la razón.

Imposible no ser feminista en un país con estadísticas tan brutales de feminicidios, imposible no levantar la voz ante tantos abusos y violencia en contra de mujeres y niñas, imposible no sumarse a una lucha genuina como ésta, a una lucha inteligente de las mujeres por defender sus valores y derechos.

Una lucha que sume, lejos de polarizar, una lucha sin violencia porque justamente estamos en contra de la violencia, una lucha que no discrimine y señale a los hombres, sino que los sume y los integre.

Podré o no estar de acuerdo en algunos temas del feminismo y defender otros con decidido entusiasmo, pero respeto la diversidad de pensamiento y he tenido la fortuna, debido a mi vocación social y política, de conocer mujeres valiosísimas de todas las edades, niveles educativos, clases sociales, religiones e ideologías; que luchan diariamente porque los derechos de nuestras abuelas y nuestras madres sean reivindicados, que luchan porque las generaciones actuales ejerzamos plenamente nuestros derechos, y que luchan día a día porque las siguientes generaciones amplíen sus condiciones de igualdad.

Ya lo decía Voltarie, podré no estar de acuerdo en lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo. Eso es, a propósito de nuestra libertad de decidir, de exigir y de poner un alto a la violencia contra las mujeres.